Comentarios a las obras de los doce finalistas del XXXIII Premio Mundial Fernando Rielo de Poesía Mística

 

 

CHÁVEZ Casazola, Gabriel, A la sombra de tus alas, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia

Chávez Casazola sacrifica la destreza y el ritmo métricos a un estilo poético desenfadado, fluido, donde se entrevera la glosa de versos sálmicos con la fuerza creadora de las imágenes. Poesía de tono confesional y profético, evoca la presencia de Dios “entre las ruinas urbanas”, en las ciudades insatisfechas, indiferentes, donde se encuentra un ser humano “reseco, agotado, sahariano”, y una sociedad en la que su “incomunicación hipercomunicada” hace que “solo sean noticia las malas noticias”. El diálogo, la alabanza y la sed de Dios hacen exclamar al poeta: “Tal vez alguien te encuentre, oculto, en estos cantos / que tu nostalgia dicta en medio del desierto”.

FERNÁNDEZ DE LA FUENTE, Mª Blanca, El encuentro sagrado, Boadilla del Monte, Madrid, España

El encuentro sagrado de Blanca Fernández nos hace revivir, con un excelente ritmo y consistencia estética, el “dolor de ausencia”, presente en todas las literaturas, donde encontramos el tema de la nostalgia, de modo especial en el Romancero. Pero Blanca Fernández lo hace desde la mística purificación: “No tengo otro dolor que el de tu Ausencia, / cuando la duda hiere / con infame puñal”. Poesía desarraigada donde el desconsuelo se hace vívido: “Nada alivia esta sed ni reconforta”. Sin embargo, se hace notar la presencia, el sueño, la memoria, la búsqueda de la luz “para que alumbre un caminar descalzo”, y el hallazgo en aquel que puede confortar: “Si no en tu pecho, ¿dónde sosegarme?”.

GANIVET ZARCOS, José, Hablan de ti las rosas, Santa Fe, Granada, España

Una buena métrica con diferentes formas bien cuidadas nos ofrece Ganivet Zarcos con su poemario Hablan de ti las rosas. Este rigor estético no decae en preciosismo ni reiteración; más bien hace resaltar, con mérito, su sinceridad y transparencia evocándonos el compromiso de nuestros mejores Machado, Celaya, Otero, José Hierro: “Buscando ver tu rostro en el cansancio; / en el ruido inhumano de las máquinas”. Presentes están también los ecos del creacionismo: “Escribamos de nuevo el universo”. La contemplación de Dios en la cotidianidad, en la naturaleza y en la atmósfera campestre, y su confesionalidad son al poeta insoslayables: “Ser un hombre es sentir que Dios nos quiere”.

GÓMEZ PARDO, Rafael, La Iluminación del silencio, Bogotá, Colombia

La iluminación del silencio de Gómez Pardo es poesía intimista, con ecos orientales: “Solo te hallo/ cuando me pierdo/ en la inmensidad de tu espacio abierto”. El “pájaro”, tema recurrente en la poesía juanramoniana, se hace presente en el poemario: “Sobre la cuerda floja del deseo/ el pájaro cantaba/ y su voz/ que venía del infinito/ despertaba el alma/ de las cosas”. Son poemas que evocan el haiku o tanka: “Eres un poeta./ Alguien que sabe cantar/ con alegría/ todas sus tristezas”, salpicados de expresiones de sabor sapiencial: “Cuando miro el cadáver/ de mis deseos/ ninguno de ellos tiene rostro”, y algunas tonalidades ascético-místicas: “Déjate ir como un niño / con su inocencia abierta a los ultrajes”.

GUERRA TEJERA, Marlon F., A través de las sombras, Miami, USA.

A través de las sombras es poesía confesional donde Guerra Tejera profesa una fe y “amor visceral” a Dios. No está exento de un intimismo de arraigo metafísico cuando expresa que “Hay rastros que definen mi esencia de ser hijo / del Padre Seductor que abraza al mundo”. Así el acto de fe es “esencia que florece como un eco a deshoras”. Guerra Tejera presenta a Dios “como árbol sempiterno de la vida” cuya semilla está en el corazón humano. Como en toda poesía religiosa, se hace patente la búsqueda: “Dime Señor/ por qué siempre te busco en mis angustias”. Se observan logradas sinestesias: “Tu olor a sonrisas”, “viento de colores silvestres”; y atinadas metáforas: “pescar risas”, “pétalos del miedo”.

JIMÉNEZ HERNÁNDEZ-PINZÓN, Fernando, Si por vosotros ha pasado, Córdoba, España

Hernández-Pinzón se inspira en san Juan de la Cruz con su libro “Si por vosotros ha pasado”. Hay una interiorización de la naturaleza y de todo lo que “abarca la mirada tras los vidrios sucios de luz y polvo”. Esta contemplación humilde es, según el poeta, “grieta abierta/ de mi dulce nostalgia”. La memoria evocadora del niño interior, “constante compañero”, “nacido para la dicha”, le lleva a sentir una infancia que jamás le abandona, “incesante y mágica”. El diálogo con el Amado aletea con sabrosa metáfora: “Hay un sabor a ti como el del yodo”, y música del Cantar: “Huele a fresas tu paso por el huerto”. Diálogo, en fin, que va y viene con las olas del mar, se pone con el sol, se mece con la brisa.

MARTÍNEZ GARCÍA, Jesús, Miradas, Zaragoza, España

Miradas, poemario de Martínez García, intenta ser una reflexión espiritual de pasajes, temas y personajes del Evangelio: “Tu aroma se desprende en cada página, / tu rostro al ojear los evangelios”. Versos ágiles y sencillos intentan expresar, a veces en formas poéticas como el soneto o la silva arromanzada, el diálogo del poeta con su fe religiosa. También están presentes motivos cotidianos como “preparar la homilía / sapiencial, inédita, popular”, la Eucaristía o el mensaje testamentario del último poema y soneto del libro: “Enterradme con los ojos abiertos”. Se hace patente su devoción por los santos lugares: “Para inspirarme he de ir a Galilea…”, leitmotiv que recorre todo el poemario.

MATUISSI, Fernando Raúl, En la tierra como en el cielo, Tucumán, Argentina

Matuissi con su libro En la tierra como en el cielo, nos hace partícipes de sus diálogos con Dios desde una actitud purificativa: “Este es el tiempo en que la semilla se pudre en la tierra”. Pero no puede haber purificación sin el deseo de conversión: “Necesito un hombre nuevo / que pueda socorrer tanto sufrimiento…/ y sacarme de este precipicio”. Es poesía de contrastes, desde el vaivén del miedo y la desesperanza que se intenta superar hasta “el corazón que estalla en su ardor como brasa que contagia el universo”. El poeta nos hace partícipes de su intimidad en su finitud sentida y el infinito deseado: “me duele la voz, porque me asfixia / la alegría de saberte aquí, entre mi pequeñez y tu infinito”.

RIVELLA, Hugo Francisco, Espinas en los ojos y siete poemas de barro, Córdoba, Argentina

El libro de Rivella, Espinas en los ojos y siete poemas de barro, pretende imitar, como protagonista escénico, el personaje de Cristo dirigiéndose al Padre, proyectando su existencial sufrimiento al que une el de la humanidad. Le duele la palabra cegadora: “La palabra es espina en mis ojos” y, al mismo tiempo, se enreda en su pretensión creacionista: “Tengo en las manos barro porque jugué a ser Dios”. El verso es, de este modo, barro que hay que “escribir de nuevo” y “pensarlo hasta la muerte” porque “el barro piensa al hombre con un sueño alfarero”. Se observan tintes surrealistas y un marcado hiperbolismo: “mi niñez era un tigre agazapado en tus ojos, Padre”, “llevo una cruz con caballos de bronce”.

SÁNCHEZ MULAS, Soledad, Besar tu claridad, Salamanca, España

Soledad Sánchez nos deleita con su poemario Besar tu claridad, de palabra delicada para “besar con la dulzura del labio maternal” y evocar con sencillez la memoria purificante: “humillo la cabeza/ al recordar la nieve de mi invierno sin ti, / pues te dejé en la puerta muchas veces/ al hostigo del viento”. Lope de Vega, Machado, Aleixandre, entre otros, adornan su verso cincelante. La presencia divina en la cotidianidad, en la naturaleza y en los pliegues del alma viene expresada en logrados sonetos, sin que falte el haiku: “Aprendo a darte nombre / entre los nombres / con la sencilla forma del silencio”. El poema “pájaro de hielo” acusa un alma sensible a la agonía del Getsemaní: “Duermen los tuyos. Vela, / en su quietud torcida, / un polvoriento olivo”.

SERRANO PEDROCHE, Lucrecio, Mi alma y yo, Albacete, España

Mi alma y yo de Serrano Pedroche es un poemario de carácter confesional de quien busca la voluntad divina: “Para llegar a Ti / sólo quiero, Señor, que Tú lo quieras”. Es poesía de súplica, de inquietum cor agustiniano, de reconocimiento pecador a lo Lope de Vega: “Cuántas veces de noche me esperó / tras la puerta escondida en una estrella”, o expresando el vaivén a la soledad interior: “de ellos me voy, con ellos vuelvo / a la soledad que sé que Tú me habitas”. A veces emplea atrevidos e impactantes versos expresando la presencia divina: “Dios siempre estuvo varado en mi memoria”, o buscando la ayuda del verso machadiano: “Me quedas Tú, Señor, y el alma mía”.

LANTRY, W. F., The Terraced Mountain, Washington D.C., USA.

Lantry con su The Terraced Mountain nos ofrece un poemario donde abundan los motivos simbólicos que encierran una enseñanza espiritual. En la ascensión a la cima se narra el encuentro, con sus dificultades y problemas, de un hombre y una mujer con el mundo de los artesanos (zapatero, fabricante de velas, orfebre…), con elementos de la naturaleza (el canto de los pájaros, los terremotos…) y el canto a las virtudes (bondad, paciencia, afabilidad…). En el camino hacia Dios, “escalando rocas”,se perciben signos de su amor que, a veces, nos deja caminar en la duda, en el temor, en el vacío. Sólo la gracia puede llenar el vaciamiento purificativo: “emptiness unbroken may mysteriously fill my heart”.