Pensamiento

El pensamiento rieliano, marcado por su actividad intelectual y literaria, representa el intento de un nuevo modelo metafísico, consistente en la concepción genética, dentro del “ser +”, del principio de relación. Este modelo es, rechazado el seudoprincipio de identidad y excluido el campo fenoménico, el supuesto de una mística u ontología que tiene, a su vez, por objeto la actuación ad extra en el ser humano de este principio genético.

El “ser” de Rielo, con la grafía “+”, nada tiene que ver con el “ser más” teilhardiano o su contraposición al “tener más” traído de aquí y de allá, en diversos autores contemporáneos. El “ser +” es, sencillamente, un símbolo que indica la ruptura de la identidad “ser es ser” en tal grado que éste se revela constituido en relación genética, no de estructuras, formas, generalidades o abstracciones, sino de singulares seres personales que, en inmanente complementariedad intrínseca, se erigen en único Sujeto Absoluto.

Al hablar del concepto “absoluto”, F. Rielo hace distinción entre dos verbos o sustantivos: absolutizar o absolutización y absolutivar o absolutivación. Toda absolutización, resultado de la tendencia tautologizante de la inteligencia humana, es un constructo identitático, un éidolon, un ídolo o simulacro, que, separado de la realidad del único Absoluto singular, tiene por seudorreferente un abstracto en el que se autoafirma el yo intelectual del ser humano. Esta autoafirmación identitática es degradación de la genética acción absolutivante de una inteligencia humana que, abierta a su Absoluto, puede construir con el Absoluto conceptos “bien formados”. Estos supuestos vienen confirmados por dos ejemplos: si nos referimos a la absolutización, la búsqueda de nuestra propia identidad “yo soy yo” nos conduce, haciendo de nuestro yo un seudoabsoluto cerrado, a la despersonalización; si nos referimos a la absolutivación, la búsqueda de algo + que yo conduce, por genética unión con el Absoluto, a nuestra mística personalidad. De aquí deduce Rielo que nuestra inteligencia es, supuesta la creación de ésta, mística u ontológica inteligencia de la divina o metafísica inteligencia. La razón es sencilla: la inteligencia humana, siendo imagen de la inteligencia divina, es un absolutivo del Absoluto. Para el Fundador de la Escuela Idente, lo Absoluto no es, como afirman algunos autores, una noción tautológica: “lo Absoluto es lo Absoluto”. La noción “bien formada” del Absoluto consiste –”elevado a absoluto” el concepto de relación, rota la identidad y excluido el campo fenomenológico– en un Sujeto Absoluto constituido: en el ámbito intelectual o dianoético, por dos y sólo dos seres personales en inmanente complementariedad intrínseca; en el ámbito revelado o hipernoético, por tres y sólo tres seres personales en inmanente complementariedad intrínseca.

Todos los sistemas filosóficos proceden por “elevación a absoluto”. Un caso que sirve de ejemplo explícito es el “yo” de Fitchte: el resultado de su elevación a absoluto es la tautologización “yo es yo”. Este hecho es consecuencia de un mal proceder, pues la “elevación a absoluto” debe ser también un concepto “bien formado”, en caso contrario, se incurre, según Rielo, en la oblicuidad o desviación propias de los absurdos ocasionados por el reduccionismo agenético de la abstracción de algo que parece servir de axioma o principio absoluto: un objeto material [agua, fuego, aire], un hecho de evidencia [movimiento, devenir], una acción totalizante [ser, pensar, existir, vivir], un concepto expresivo [idea, sustancia, yo, realidad]. Estos axiomas, fundantes de un supuesto sistema, necesariamente debían, con el objeto de cerrar el paso a una petitio principii, tautologizarse: agua es agua con la exclusión de la no-agua, ser es ser con la exclusión del no-ser, yo es yo con la exclusión del no-yo. La consecuencia de esta tautologización, resultado necesario de llevar a límite el proceder abstractivo, ha sido una constante insoslayable en todas las filosofías con vocación metafísica: rendir culto intelectual a un seudoprincipio de identidad que se transforma él mismo en su propia petitio principii.

No hay aproximación de la concepción zubiriana de la inteligencia sentiente con la forma genética de la intelección rieliana cuyo proceder es actuar por elevación de una noción a absoluto, en tal grado que no pueda haber otra que, superior a ésta, dé explicación de la realidad. Este actuar genético es una potestas intelligentiae que posee el hombre para justificar la unidad de sentido frente al caos de los datos de experiencia y para dar dirección y ordenamiento a su propio ser personal que, genéticamente abierto a la transcendencia de un Sujeto Absoluto de carácter singular, no puede, sin incurrir en profundas y múltiples “disgenesias del yo”, definirse “ser para sí”, ni “ser en sí”, ni “ser para el mundo”, ni “ser en el mundo”, o expresiones semejantes. [Cfr. La persona no es ser para sí ni para el mundo (1992)].